Índice de poemas y escritos

Amé esas cartas

Himno

Nocturno en paz

Nocturno en prosa

Porque Hay Sangre y Hay Palabra

 

El separador le subirá al Ìndice

Amé esas cartas

Amé esas cartas, trémulas palabras,
espejos de papel refrendando imposibles.
Inocentes miedos escritos letra a letra, sueño a sueño,
duda a duda, risa a risa, certeza en ciernes.
Amé tus cartas. Lo sabes.

Sabes también de la espera devoción entre dos días, esa desesperada escritura de niños jugando a amarse, diciendo un te quiero sin animarse a gritarlo y de la añoranza del después.

Hoy, casi nada queda; quizás el hallazgo de un paquete perdido en un cajón cualquiera y unas cuantas promesas envueltas en esa nube del tiempo lloviendo ocres.

 

Himno

Con la lluvia y con el sol, con la tristeza y con el himno triunfal aferrado para defender los cielos, una estrofa impetuosa en los redobles, la siguiente en vuelo bajo como el canto de oboe, una espada de luz y la otra envuelta en sordidez, cruzo el llano o la montaña ataviado de glorioso vencedor de la derrota, los ojos casi ciegos, los músculos desgarrados, la sangre turbulenta, el grito casi ahogado, inmortal por un instante, el espíritu hilachento y orgulloso, llego al mar convencido de ser ángel y demonio, sacio mi sed en la sal que calcina mis llagas y, en un empecinado grito, lanzo todas las blasfemias y las loas para sucumbir, purificado, por la música del único trompa que me acompaña.

 

Nocturno en paz

Duerme, mujer de azaleas de añil.

La noche está afuera, lejana y tenue.

Los barcos son devorados por el telón de estrellas

que cubre el estrecho.

No hay vigías, no hay faros.

No hay luciérnagas, no hay luna.

El negro mar está quieto.

No puede perturbarte.

Duerme, mujer, duerme.

Estoy aquí para custodiar tus ojos que descansan.

Estoy aquí, con mis dedos rozando el perfume de tu cuerpo.

La música y el libro esperan por ti.

Para cuando despiertes, mujer, cuando despiertes.

 

El separador le subirá al Ìndice

Nocturno en prosa

Ondas de agua se refractan con los últimos rayos de luz que el sol le escamotea a la noche que sigue, imperturbable, su camino de mujer de misterios de azabache. Es lo único que denota vida en el estanque.

Los pájaros regresan a sus nidos con la natural calma que les da el saber que todo sigue el orden lógico.

Los árboles negros contrastan con el dorado desvaído del poniente. Un fresco perfume a hierbas comienza a inundar el aire pleno de ozono y rosas. Estalactitas de menta se derriten al fundirse con el sereno embrionario.

La luna juega con su rubor de modorra para lograr la plata. Una melodía se oye a lo lejos. Bach. Y una rana se entrega al canto, sin que interesen disonancias.
 

 

Porque Hay Sangre y Hay Palabra

Porque hay sangre y hay palabra,
pero también verbo y calaveras,
por la desidia y la injusticia,
mas desde luego por el amor y las espinas,
por la flor que se empeña en el desierto,
la luz que se esconde debajo de lo oscuro
y la ausencia y las llegadas,
en el hervor de un guiso perplejo de tanta agua
y porque tengo hambres que no cesan,
gritos que convertir en versos,
escribo con el nudo esencial de la bronca en la garganta
este poema incierto que nada calma.

 

El separador le subirá al Ìndice

 

 

 

 

© Alea's World - Abril  2011